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Cenizas de Gramsci
Este poema fue escrito a la memoria de Gramsci, personalidad
que permite a Pasolini ampliar un juicio técnico-estético
sobre el plano histórico cultutral, y ofrecer la alegoría
de su relación con la dimensión política
ideológica. Las Cenizas de Gramsci marca el momento
de más profunda tensión interior de Pasolini,
que se abre al lado de una tumba simbólicamente asumida
como expresión de una desolación privada e histórica..
En este poema escribe no desde la ficción sino desde
su condición de poeta y ciudadano, desde la realidad
civil e histórica. Su obra se convierte en una denuncia
implacable y una acusación a los ciudadanos indiferentes,
perdiendo el carácter contestatario de sus anteriores
composiciones. Muestra su compromiso civil sin renunciar a
sus dudas, angustias y esperanzas. Es la reflexión
que cabe en su acercamiento a la tumba de Gramsci en el Cementerio
de los ingleses en Roma, reflexión que entrega en tercinas
ligado a una tradición poética precedente que
propone una noción inédita de la poesía
civil.
Roma se convierte en la segunda patria de elección
de Pasolini, patria lingüística y sentimental.
El antiguo mito campesino cristiano de Friuli cambia y se
renueva en el salvaje mito del proletariado, la lírica
se distiende en la épica concretándose en figuras
de contornos densos y violentos, y la pequeña patria
friulana se ensancha en la nueva patria nacional, abandona
aquel idílico microcosmos y entra en la metrópoli,
en la escenografía urbana: el barrio y la periferia
como sus lugares ocultos. La palabra que ya no encuentra,
que no alcanza otra resonancia se funde con los ruidos, con
loso lores transformando el elemento sensorial y sensual en
descríptico. El mundo juvenil de Friuli se adhiere
al mito pavesano, y la realidad externa comienza a imponerse
en el egocentrismo del autor. Aparece así la otra Historia,
la de los otros además de la personal, hiato entre
la historia personal y la externa general. Por otra parte
el mundo ya se ha definido para P,. como inquisidor pues lo
había echado de Bolonia.
Cenizas de Gramsci son una serie de poemas escritos entre
el 51 y 56 en tercinas de endecasílabos. La rima se
degrada a través de todas las formas de asonancia,
consonancia y rima imperfecta, y junto al metro gozan de notable
libertad. Paralelamente el endecasílabo se acorta y
deviene decasílabo, eneasílabo, y el ritmo del
verso es continuamente roto por las frecuentes parentéticas
y sobre todo los encabalgamientos que se convierten en segundo
modelo de subdivisión del discurso poético,
complementario y contradictorio respecto a aquél métrico.
La interrupción del ritmo sintáctico es usada
como cesura suplementaria para lograr un ritmo más
articulado; métrica y sintaxis de esta manera se contradicen
en desequilibrio poético, los dos planos corren uno
sobre el otro interrumpidos por el salto que provoca la asimetría
de los respectivos ritmos que se tiñen de contaminación
trasgresora que es lo que define el estilo pasoliniano: diacronía
entre estilo y discurso, entre el peso de la forma y lo actual
del discurso.
El estilo se transforma en forma y representación
de una ideología de la contradicción irresoluta.
La antitesis se vive continuamente en C de G. por un antes
y un después en la Historia, de la ideología,
de la inconciencia y la racionalidad, por la contemplación
de un mundo popular salvaje y el ingreso a un orden racional
y político. Pasolini procede no por distinciones sino
por sucesivas antítesis de oximorón reproduciendo
polaridades arquetípicas Versos aislados o interrumpidos
marcan la fuerza de la duda y de la contradicción así
como los puntos suspensivos. Logra así una poesía
altamente elaborada que recorta los aspectos más míseros
y violentos del mundo popular, esplendores y miseria, mundo
de privilegios y de marginación.
Pasolini en un paseo simbólico visita los despojos
de Gramsci, frente a una tumba que sólo muestra Cinera
Gramsci, ideólogo muerto en la cárcel por el
totalitarismo fascista, en el cementerio El Verano en las
periferias de Roma, donde fueran depositados para el olvido,
o el ocultamiento. El cementerio aunque forma parte de la
ciudad, está separado de ella, lejos del espacio de
la muchedumbre, de la indiferencia del correr cotidiano, es
limbo de muchedumbres acostadas y no de rodillas, de hombres
marcados por la elección de la muerte señalados
por una lápida. Como mítico peregrino, como
nuevo explorador dantesco frente a las tumbas, se traslada
hasta allí para preguntar a Gramsci acerca de la utilidad
de su muerte frente a un mundo indiferente.
Pasolini se transforma en un sujeto popético intentando
la interlocución, y de allí su insistente Yo,
y se dirige a Gramsci como a un espectro, como a un fantasma
ideológico, y cerca muy cerca otro fantasma, Shelley,
este cementerio, lindante con el Testaccio en el Tarstevere,
barrio de talleres donde se acumulan fierros inútiles,
allí "la belleza está ausente, sólo
el testimonio de los cofres mortuorios". En esa biblioteca
de lápidas, la muerte de los otros, en el silencio
de los sepultados también se levanta un diálogo
inútil, diálogo con un muerto, el del mismo
poeta como la reflexión opaca de un muerto porque se
asimila a un "nosotros", y se separa para convertirse
en observador y mirar detenidamente el barrio pobre y marginado,
a los proletarios que ignoran que allí, a pocos pasos,
yace Gramsci quien bregó por ellos, convirtiendo ellos
mismos con su vacuna indiferencia, inútil también
la sagrada lucha. Pasolini fuerza a Gramsci a asumir el rol
de su doble como personaje emblemático de su condición
de marginado.
Pasolini no enfrenta a Gramsci como personaje político
o ideolólogo sino a sus cenizas para marcar un nuevo
esquema de opuestos: subsistencia-elección, vida-voluntad,
amor-odio. Entre la muerte y la vida se definen dos mundos,
dos ámbitos dentro de Roma: el cementerio que no necesita
el calor y produce frío, y el barrio lindante, pobre"
de miserables techos, desnudos montones de lata" con
vida caliente y espóntanea pero ambos marginados y
marginales que nos remiten al recuerdo de Baudelaire con los
Tableaux Vivants. Barrio y cementerio, oposición unida
por la marginalidad pero separada porque uno guarda en la
sepultura la forma alta del pensamiento, mientras que la otra
exhibe la realidad más baja.
Se espejan en ese lugar de inútiles espejos, se confrontan
la muerte-viva de un pensador de la historia y la vida-muerta
de un testigo de la historia, combatiente uno y despojado
el otro. Muerte y Vida, ausencia y nostalgia de estar frente
a la vida como frente a la nada para asumir la muerte como
elección. La muerte entonces no es un sueño
sino que se asume como responsanbilidad, se elige la obligación
de escuchar a los muertos frente a la indiferencia de los
vivos, frente a la mutabilidad de la memoria.
La muerte es entonces ineludible, "mortal/ paz/desamorada
como nuestros destinos", es silencio" putrefacto
e infecundo", es fe " de un civil silencio de hombres
permanecidos/hombres"., y el cementerio resulta residencia
y descanso de la muerte.Muerte y Vida enfrentadas como Olvido
y Memoria. La vida se vuelve en el poema contradictoriamente
ardiente equivocación subyugada por los ideales, por
el "ingenuo esfuerzo de rehacer la vida."
La visita comienza en un frío atardecer de mayo y
concluye cuando se acerca el ocaso, cuando ya las luces se
encienden en el barrio Testaccio, claridad que sólo
sirve para definir la fealdad de esa geografía de cemento
y lata, mientras indiferentes los muchachones juegan al fútbol.
El subproletariado romano es presentado subespecie sexual
y excremental. Lo describe como marginado también de
la historia en una condición subhumana donde encuentra
su alter ego, un mundo percibido desde una perspectiva primitiva
y evangélica, mítica y anárquica como
dimensión antropológica irreductible a los términos
de historia-política contemporáneas, y se contraponen
la irracionalidad y la inconciencia popular a la corrupción
de la civilización racional burguesa, visión
particular del conflicto entre mito e historia.
Para entrar al cementerio el poeta abandona el barrio, abandonando
un exterior para penetrar un interior que ofrece otros olores,
otra temperatura, diferentes colores, sonidos distintos creando
una atmósfera de muerte por la insistencia del gris,
de las babas , de la oscuridad. Es el jardín de la
muerte que expande una paz fría, inevitable, como los
destinos humanos.
Es un mayo inexplicablemente otoñal cuyo pálido
sol ilumina inmundicias en bárbaro y violento silencio
de acordes. Sin embargo este mayo brumoso adquiere color cuando
el poeta evoca el calor de aquel G joven y puro, e imagina
su mano acariciando ideales, y se precipitan entonces los
interrogativos cuya insistencia se prolonga sin obtener respuesta,
no por el silencio de G sino porque tampoco las obtuvo el
pensador sardo.
El poema II insiste en los sonidos para marcar de manera
más evidente el silencio, y los colores mientras que
el poema III marca por primera vez el color rojo del pañuelo
de los partisanos y el de los geranios, tierra y sangre, y
siempre la disquisición, la elección en el binomio
de vida-muerte, y entre ambos el sexo que destruye, que golpea,
que lastima, y P. se lacera como víctima de la vida
que lo subyuga y lo arrastra, y en confesión de sus
impúdicas aspiraciones burguesas declara: "Ed
ecco qui me stesso/ nel tormento di mantenermi in vita/ amando
il mondo che odio-nella sua miseria sprezzante e perso- per
un oscuro scandalo della coscienza"
El IV poema le sirve para confesar su relación de pertenencia
con la burguesía"Lo scandalo del contraddirmi
dell´essere con te e contro te" en disquisición
intelectual por la contradicción no resuelta, que recrea
en nuevas polarizaciones, que lo eximen de la responsabilidad
pues entre el autor y la burguesía hay un sentido de
pertenencia.
Se despliegan entonces paisajes, el telón geográfico
que fuera testigo de la historia de Italia, amplio fresco,
paisajes pétreos, ciudades con fijeza icónica,
y en esa historia que alimentó e iluminó su
fuerza cívica, se cuestiona su pasión, y vuelve
en el canto V al individuo y a la historia, allí en
Roma desde donde compara pasado y presente sin futuro. "Italia
come morta nella sua vita" y encarando a G. le cuestiona
su propia pasión semejante a la que a él lo
llevó a la muerte, rodeado del silencio que responde
a su ingenuidad de confiar. La vida como murmullo y como pasión
se funden en el silencio de la muerte para responderle.
Ha pasado la tarde y ha sido evocado el éxtasis marmóreo
de la historia italiana, y la corrupta vitalidad del pueblo.
Historia y geografía se entrecruzan, se organizan alrededor
de un motivo, de una imagen simbólica, y el poema se
transforma en una gran alegoría. La historia de otra
Italia, cuando el hombre creía contribuir a hacer la
historia, y recapacita entonces el visitante-peregrino "en
este vacío de la historia". "Me voy",
confía al muerto, y abandona así el cementerio
para volcarse al barrio que las luces muestran, que despierta
entre sonidos humanos y ruidos populares mientras los muchachones
siguen jugando en indiferente movimiento al lado de los muertos.
"É un brusio la vita" concluye el poeta
frente al movimiento pero ya ha declinado su pasión.
Palpita en él no ya la pasión sino la distancia
por su dolor político. Quedan las cenizas de Gramsci
en movimiento ante la inquietante inmovilidad del cementerio
que refleja aquella de la sociedad, pero las cenizas son nada
más que la pulverización de espectros. Las cenizas
son la metamorfosis de Gramsci. de aquel viejo compromiso
político, que también se ha esfumado.
Pasolini afirma en este poema como lo había declarado
en sus últimos escritos ,que la experiencia de la historia
está terminada, que la conciencia histórica
mira hacia la sociedad capitalista recostada sobre el Poder
eliminando la opción, sociedad que desplaza a los hombres
hacia la urgencia de la actualidad permanente. El ideal sostenido
como actitud riesgosa e irracional frente al principio de
placer que gobierna el mundo pues no subyace en este poema
el concepto de que el ideólogo haya sido vencido sino
que está tristemente sepultado porque su figura, su
pensamiento no llevaba al ideal del éxito.
Para esta sociedad lo muerto es pasado, y las voces de los
muertos no son escuchadas porque esos ideales ya no sirven.
Por ello Pasolini propone una poesía civil ligada a
un yo interior para recordar.11 cantos de un poema que ofrece
la corrompida y bárbara vitalidad de un pueblo con
el gusto barroco por la degradación. Alegoría
de su relación con la dimensión político-ideológica
reconociendo haber amado en el pueblo el mito mientras que
en la nación se impone el tiempo histórico del
Poder con la territorialización del pensamiento.
Poesía no triunfal ni celebratoria que en plena crisis
ideológica le permite apelar a un retorno de la poesía
civil del 800 asumiendo el daño que la artificiosidad
ha hecho a la historia. Por ello reconduce su poesía
a los límites de lo humano y lo humilde, y expone líricamente
una forma de pensar y de vivir. Transforma en definitiva en
poesía su testimonio contra el siglo con patetismo
autobiográfico, su relación con el mundo, del
yo con el presente, y el acercamiento a Gramsci. lo acerca
a un lenguaje social con una nueva conciencia histórico-ideológica
donde la verdad como certeza ha perdido importancia así
como el sentido de la existencia como convivencia.
El diálogo en el poema se establece entre el Poder
presente pero no presencia, con artilugios renovados pero
antiguos, y el poeta quien se siente acuciado por su lugar
en la historia, y de manera contradictoria abriga nostalgia
por una visión cíclica del curso del mundo que
en la versión judeo cristiana, es la historia de la
salvación.
Crecen en el cementerio las plantas como alimentadas de muerte,
mal nutridas por el sol y sólo subsistiendo en la humedad
en dulce corrupción. Surge el silencio, un frío
silencio que se une a la mudez del individuo al que se le
demanda no conciencia sino irreflexión, y frente a
la muerte se levanta la duda acerca de la responsabilidad
cívica, el abatimiento frente a lo inútil, la
decepción por el despojo, y también la historia
adquiere categoría de muerte, una historia inútil
también ella.
Pasolini sufrió como Gramsci. la marginalidad y la
indiferencia, y hace suya la oportunidad del Poema para culpar
de indiferente al pueblo, a la memoria sin recuerdos que denuncia
como olvido, de un pueblo satisfecho simplemente de la cotidianeidad
física y de la rutina, y por ello los compara a animales
por su sentido de sobrevivencia.
El poema se convierte así en discurso político
frente al peligro de que nos construyamos en el olvido como
salvación. Esta visita, este diálogo adquiere
carácter de alerta ante nuestra responsabilidad de
estar en el mundo, por el riesgo de haber estado sin dejar
testimonio , porque nuestra Vida no sea la Muerte. Nostalgia
de un yo que en su deshumanización siente que su emancipación
consiste en la oportunidad de resemantizar y resignificar
el sentido de la Memoria, de la Historia, de las Cenizas.
El poema se despliega en dos momentos: analítico,
de expansión sobre la pluralidad de los fenómenos
y sintético que selecciona y orienta el momento de
la Ideología en prosa dura y lúcida,sin adornos
que procede por esquemas, enumeraciones, contrastes, paralelos
y simetrías
Tonalidades poéticas patéticas manifiestan su
postura frente al neorealismo, al hermetismo, con la literatura
comprometida. Su realismo es en todo caso ideológico.
Eran los años en que había ocurrido la invasión
a Hungría, Polonia mostrando el asentamiento de una
sociedad capitalista. Son los reclamos a la ideología,
y a una conciencia hacia la historia.
Los Apeninos, el éxtasis marmóreo de la historia
italiana y la corrupta vitalidad del pueblo.
Historia y geografía se entrecruzan, se organizan
alrededor de un motivo, una imagen simbólica y se transforma
en una gran alegoría. La experiencia de la historia
está terminada: cansancio pasional e intelectual. Mito
del pueblo extraño a la cultura dominante y perdido
en su vitalidad. Herencia de una generación y de una
cultura. Alegoría de la propia relación con
la dimensión político-ideológica y la
corrompida y bárbara vitalidad de un pueblo opuesta
a una nación salvaje y corrupta, con el gusto barroco
por la degradación.
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