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Cenizas de Gramsci
De Pier Paolo Pasolini - Prólogo y traducción Elena Tardonato Faliere

Prólogo

Cenizas de Gramsci
Este poema fue escrito a la memoria de Gramsci, personalidad que permite a Pasolini ampliar un juicio técnico-estético sobre el plano histórico cultutral, y ofrecer la alegoría de su relación con la dimensión política ideológica. Las Cenizas de Gramsci marca el momento de más profunda tensión interior de Pasolini, que se abre al lado de una tumba simbólicamente asumida como expresión de una desolación privada e histórica..
En este poema escribe no desde la ficción sino desde su condición de poeta y ciudadano, desde la realidad civil e histórica. Su obra se convierte en una denuncia implacable y una acusación a los ciudadanos indiferentes, perdiendo el carácter contestatario de sus anteriores composiciones. Muestra su compromiso civil sin renunciar a sus dudas, angustias y esperanzas. Es la reflexión que cabe en su acercamiento a la tumba de Gramsci en el Cementerio de los ingleses en Roma, reflexión que entrega en tercinas ligado a una tradición poética precedente que propone una noción inédita de la poesía civil.

Roma se convierte en la segunda patria de elección de Pasolini, patria lingüística y sentimental. El antiguo mito campesino cristiano de Friuli cambia y se renueva en el salvaje mito del proletariado, la lírica se distiende en la épica concretándose en figuras de contornos densos y violentos, y la pequeña patria friulana se ensancha en la nueva patria nacional, abandona aquel idílico microcosmos y entra en la metrópoli, en la escenografía urbana: el barrio y la periferia como sus lugares ocultos. La palabra que ya no encuentra, que no alcanza otra resonancia se funde con los ruidos, con loso lores transformando el elemento sensorial y sensual en descríptico. El mundo juvenil de Friuli se adhiere al mito pavesano, y la realidad externa comienza a imponerse en el egocentrismo del autor. Aparece así la otra Historia, la de los otros además de la personal, hiato entre la historia personal y la externa general. Por otra parte el mundo ya se ha definido para P,. como inquisidor pues lo había echado de Bolonia.

Cenizas de Gramsci son una serie de poemas escritos entre el 51 y 56 en tercinas de endecasílabos. La rima se degrada a través de todas las formas de asonancia, consonancia y rima imperfecta, y junto al metro gozan de notable libertad. Paralelamente el endecasílabo se acorta y deviene decasílabo, eneasílabo, y el ritmo del verso es continuamente roto por las frecuentes parentéticas y sobre todo los encabalgamientos que se convierten en segundo modelo de subdivisión del discurso poético, complementario y contradictorio respecto a aquél métrico. La interrupción del ritmo sintáctico es usada como cesura suplementaria para lograr un ritmo más articulado; métrica y sintaxis de esta manera se contradicen en desequilibrio poético, los dos planos corren uno sobre el otro interrumpidos por el salto que provoca la asimetría de los respectivos ritmos que se tiñen de contaminación trasgresora que es lo que define el estilo pasoliniano: diacronía entre estilo y discurso, entre el peso de la forma y lo actual del discurso.

El estilo se transforma en forma y representación de una ideología de la contradicción irresoluta. La antitesis se vive continuamente en C de G. por un antes y un después en la Historia, de la ideología, de la inconciencia y la racionalidad, por la contemplación de un mundo popular salvaje y el ingreso a un orden racional y político. Pasolini procede no por distinciones sino por sucesivas antítesis de oximorón reproduciendo polaridades arquetípicas Versos aislados o interrumpidos marcan la fuerza de la duda y de la contradicción así como los puntos suspensivos. Logra así una poesía altamente elaborada que recorta los aspectos más míseros y violentos del mundo popular, esplendores y miseria, mundo de privilegios y de marginación.

Pasolini en un paseo simbólico visita los despojos de Gramsci, frente a una tumba que sólo muestra Cinera Gramsci, ideólogo muerto en la cárcel por el totalitarismo fascista, en el cementerio El Verano en las periferias de Roma, donde fueran depositados para el olvido, o el ocultamiento. El cementerio aunque forma parte de la ciudad, está separado de ella, lejos del espacio de la muchedumbre, de la indiferencia del correr cotidiano, es limbo de muchedumbres acostadas y no de rodillas, de hombres marcados por la elección de la muerte señalados por una lápida. Como mítico peregrino, como nuevo explorador dantesco frente a las tumbas, se traslada hasta allí para preguntar a Gramsci acerca de la utilidad de su muerte frente a un mundo indiferente.

Pasolini se transforma en un sujeto popético intentando la interlocución, y de allí su insistente Yo, y se dirige a Gramsci como a un espectro, como a un fantasma ideológico, y cerca muy cerca otro fantasma, Shelley, este cementerio, lindante con el Testaccio en el Tarstevere, barrio de talleres donde se acumulan fierros inútiles, allí "la belleza está ausente, sólo el testimonio de los cofres mortuorios". En esa biblioteca de lápidas, la muerte de los otros, en el silencio de los sepultados también se levanta un diálogo inútil, diálogo con un muerto, el del mismo poeta como la reflexión opaca de un muerto porque se asimila a un "nosotros", y se separa para convertirse en observador y mirar detenidamente el barrio pobre y marginado, a los proletarios que ignoran que allí, a pocos pasos, yace Gramsci quien bregó por ellos, convirtiendo ellos mismos con su vacuna indiferencia, inútil también la sagrada lucha. Pasolini fuerza a Gramsci a asumir el rol de su doble como personaje emblemático de su condición de marginado.

Pasolini no enfrenta a Gramsci como personaje político o ideolólogo sino a sus cenizas para marcar un nuevo esquema de opuestos: subsistencia-elección, vida-voluntad, amor-odio. Entre la muerte y la vida se definen dos mundos, dos ámbitos dentro de Roma: el cementerio que no necesita el calor y produce frío, y el barrio lindante, pobre" de miserables techos, desnudos montones de lata" con vida caliente y espóntanea pero ambos marginados y marginales que nos remiten al recuerdo de Baudelaire con los Tableaux Vivants. Barrio y cementerio, oposición unida por la marginalidad pero separada porque uno guarda en la sepultura la forma alta del pensamiento, mientras que la otra exhibe la realidad más baja.

Se espejan en ese lugar de inútiles espejos, se confrontan la muerte-viva de un pensador de la historia y la vida-muerta de un testigo de la historia, combatiente uno y despojado el otro. Muerte y Vida, ausencia y nostalgia de estar frente a la vida como frente a la nada para asumir la muerte como elección. La muerte entonces no es un sueño sino que se asume como responsanbilidad, se elige la obligación de escuchar a los muertos frente a la indiferencia de los vivos, frente a la mutabilidad de la memoria.

La muerte es entonces ineludible, "mortal/ paz/desamorada como nuestros destinos", es silencio" putrefacto e infecundo", es fe " de un civil silencio de hombres permanecidos/hombres"., y el cementerio resulta residencia y descanso de la muerte.Muerte y Vida enfrentadas como Olvido y Memoria. La vida se vuelve en el poema contradictoriamente ardiente equivocación subyugada por los ideales, por el "ingenuo esfuerzo de rehacer la vida."

La visita comienza en un frío atardecer de mayo y concluye cuando se acerca el ocaso, cuando ya las luces se encienden en el barrio Testaccio, claridad que sólo sirve para definir la fealdad de esa geografía de cemento y lata, mientras indiferentes los muchachones juegan al fútbol. El subproletariado romano es presentado subespecie sexual y excremental. Lo describe como marginado también de la historia en una condición subhumana donde encuentra su alter ego, un mundo percibido desde una perspectiva primitiva y evangélica, mítica y anárquica como dimensión antropológica irreductible a los términos de historia-política contemporáneas, y se contraponen la irracionalidad y la inconciencia popular a la corrupción de la civilización racional burguesa, visión particular del conflicto entre mito e historia.

Para entrar al cementerio el poeta abandona el barrio, abandonando un exterior para penetrar un interior que ofrece otros olores, otra temperatura, diferentes colores, sonidos distintos creando una atmósfera de muerte por la insistencia del gris, de las babas , de la oscuridad. Es el jardín de la muerte que expande una paz fría, inevitable, como los destinos humanos.

Es un mayo inexplicablemente otoñal cuyo pálido sol ilumina inmundicias en bárbaro y violento silencio de acordes. Sin embargo este mayo brumoso adquiere color cuando el poeta evoca el calor de aquel G joven y puro, e imagina su mano acariciando ideales, y se precipitan entonces los interrogativos cuya insistencia se prolonga sin obtener respuesta, no por el silencio de G sino porque tampoco las obtuvo el pensador sardo.

El poema II insiste en los sonidos para marcar de manera más evidente el silencio, y los colores mientras que el poema III marca por primera vez el color rojo del pañuelo de los partisanos y el de los geranios, tierra y sangre, y siempre la disquisición, la elección en el binomio de vida-muerte, y entre ambos el sexo que destruye, que golpea, que lastima, y P. se lacera como víctima de la vida que lo subyuga y lo arrastra, y en confesión de sus impúdicas aspiraciones burguesas declara: "Ed ecco qui me stesso/ nel tormento di mantenermi in vita/ amando il mondo che odio-nella sua miseria sprezzante e perso- per un oscuro scandalo della coscienza"
El IV poema le sirve para confesar su relación de pertenencia con la burguesía"Lo scandalo del contraddirmi dell´essere con te e contro te" en disquisición intelectual por la contradicción no resuelta, que recrea en nuevas polarizaciones, que lo eximen de la responsabilidad pues entre el autor y la burguesía hay un sentido de pertenencia.

Se despliegan entonces paisajes, el telón geográfico que fuera testigo de la historia de Italia, amplio fresco, paisajes pétreos, ciudades con fijeza icónica, y en esa historia que alimentó e iluminó su fuerza cívica, se cuestiona su pasión, y vuelve en el canto V al individuo y a la historia, allí en Roma desde donde compara pasado y presente sin futuro. "Italia come morta nella sua vita" y encarando a G. le cuestiona su propia pasión semejante a la que a él lo llevó a la muerte, rodeado del silencio que responde a su ingenuidad de confiar. La vida como murmullo y como pasión se funden en el silencio de la muerte para responderle.

Ha pasado la tarde y ha sido evocado el éxtasis marmóreo de la historia italiana, y la corrupta vitalidad del pueblo. Historia y geografía se entrecruzan, se organizan alrededor de un motivo, de una imagen simbólica, y el poema se transforma en una gran alegoría. La historia de otra Italia, cuando el hombre creía contribuir a hacer la historia, y recapacita entonces el visitante-peregrino "en este vacío de la historia". "Me voy", confía al muerto, y abandona así el cementerio para volcarse al barrio que las luces muestran, que despierta entre sonidos humanos y ruidos populares mientras los muchachones siguen jugando en indiferente movimiento al lado de los muertos.

"É un brusio la vita" concluye el poeta frente al movimiento pero ya ha declinado su pasión. Palpita en él no ya la pasión sino la distancia por su dolor político. Quedan las cenizas de Gramsci en movimiento ante la inquietante inmovilidad del cementerio que refleja aquella de la sociedad, pero las cenizas son nada más que la pulverización de espectros. Las cenizas son la metamorfosis de Gramsci. de aquel viejo compromiso político, que también se ha esfumado.

Pasolini afirma en este poema como lo había declarado en sus últimos escritos ,que la experiencia de la historia está terminada, que la conciencia histórica mira hacia la sociedad capitalista recostada sobre el Poder eliminando la opción, sociedad que desplaza a los hombres hacia la urgencia de la actualidad permanente. El ideal sostenido como actitud riesgosa e irracional frente al principio de placer que gobierna el mundo pues no subyace en este poema el concepto de que el ideólogo haya sido vencido sino que está tristemente sepultado porque su figura, su pensamiento no llevaba al ideal del éxito.

Para esta sociedad lo muerto es pasado, y las voces de los muertos no son escuchadas porque esos ideales ya no sirven. Por ello Pasolini propone una poesía civil ligada a un yo interior para recordar.11 cantos de un poema que ofrece la corrompida y bárbara vitalidad de un pueblo con el gusto barroco por la degradación. Alegoría de su relación con la dimensión político-ideológica reconociendo haber amado en el pueblo el mito mientras que en la nación se impone el tiempo histórico del Poder con la territorialización del pensamiento.

Poesía no triunfal ni celebratoria que en plena crisis ideológica le permite apelar a un retorno de la poesía civil del 800 asumiendo el daño que la artificiosidad ha hecho a la historia. Por ello reconduce su poesía a los límites de lo humano y lo humilde, y expone líricamente una forma de pensar y de vivir. Transforma en definitiva en poesía su testimonio contra el siglo con patetismo autobiográfico, su relación con el mundo, del yo con el presente, y el acercamiento a Gramsci. lo acerca a un lenguaje social con una nueva conciencia histórico-ideológica donde la verdad como certeza ha perdido importancia así como el sentido de la existencia como convivencia.

El diálogo en el poema se establece entre el Poder presente pero no presencia, con artilugios renovados pero antiguos, y el poeta quien se siente acuciado por su lugar en la historia, y de manera contradictoria abriga nostalgia por una visión cíclica del curso del mundo que en la versión judeo cristiana, es la historia de la salvación.

Crecen en el cementerio las plantas como alimentadas de muerte, mal nutridas por el sol y sólo subsistiendo en la humedad en dulce corrupción. Surge el silencio, un frío silencio que se une a la mudez del individuo al que se le demanda no conciencia sino irreflexión, y frente a la muerte se levanta la duda acerca de la responsabilidad cívica, el abatimiento frente a lo inútil, la decepción por el despojo, y también la historia adquiere categoría de muerte, una historia inútil también ella.

Pasolini sufrió como Gramsci. la marginalidad y la indiferencia, y hace suya la oportunidad del Poema para culpar de indiferente al pueblo, a la memoria sin recuerdos que denuncia como olvido, de un pueblo satisfecho simplemente de la cotidianeidad física y de la rutina, y por ello los compara a animales por su sentido de sobrevivencia.

El poema se convierte así en discurso político frente al peligro de que nos construyamos en el olvido como salvación. Esta visita, este diálogo adquiere carácter de alerta ante nuestra responsabilidad de estar en el mundo, por el riesgo de haber estado sin dejar testimonio , porque nuestra Vida no sea la Muerte. Nostalgia de un yo que en su deshumanización siente que su emancipación consiste en la oportunidad de resemantizar y resignificar el sentido de la Memoria, de la Historia, de las Cenizas.

El poema se despliega en dos momentos: analítico, de expansión sobre la pluralidad de los fenómenos y sintético que selecciona y orienta el momento de la Ideología en prosa dura y lúcida,sin adornos que procede por esquemas, enumeraciones, contrastes, paralelos y simetrías
Tonalidades poéticas patéticas manifiestan su postura frente al neorealismo, al hermetismo, con la literatura comprometida. Su realismo es en todo caso ideológico.

Eran los años en que había ocurrido la invasión a Hungría, Polonia mostrando el asentamiento de una sociedad capitalista. Son los reclamos a la ideología, y a una conciencia hacia la historia.
Los Apeninos, el éxtasis marmóreo de la historia italiana y la corrupta vitalidad del pueblo.

Historia y geografía se entrecruzan, se organizan alrededor de un motivo, una imagen simbólica y se transforma en una gran alegoría. La experiencia de la historia está terminada: cansancio pasional e intelectual. Mito del pueblo extraño a la cultura dominante y perdido en su vitalidad. Herencia de una generación y de una cultura. Alegoría de la propia relación con la dimensión político-ideológica y la corrompida y bárbara vitalidad de un pueblo opuesta a una nación salvaje y corrupta, con el gusto barroco por la degradación.