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Especie de Rimbaud italiano, nació en 1922 en Bolonia.
Sufrió la guerra y fue antifascista y comunista, luego
renegado. La madre de profunda vena católica, y su
padre militar y fascista, muy similar en muchos aspectos al
padre de Kafka.
En 1950 llega a Roma donde conoce la mayor pobreza; allí
publica Ragazzi di vita, Una vita violenta y Ceneri di Gramsci.
En Roma participa en el guión de Las Noches de Cabiria
con Fellini, y en un filme con Bertolucci. En 1964 El Evangelio
según San Mateo le permite el paso hacia un mundo más
mítico y alegórico, y ofrece entonces Edipo
Rey en el que se produce el castigo casi deico que implica
su trilogía El Decamerón, Los Cuentos de Canterbury
y Las mil y una noches. Pasolini volvió a sumergirse
en los horrores del siglo XX ejemplificando en Saló
el fascismo, trasladando allí los relatos perversos
del marqués de Sade a un castillo durante la efímera
república de Saló donde concluyera el régimen
de Mussolini. Durante 20 años dominó la escena
cultural, literaria y cinematográfica italiana. Los
escritos periodísticos, hilvanados como siempre con
prosa lúcida y dura, sin adornos que se mueven por
esquemas, enumeraciones, contrastes, paralelos y simetrías
en humilde libertad estilística.
El intenso deseo de renovación lo llevó al
cine considerado como el medio de comunicación más
inmediato y eficaz para dialogar con los jóvenes; era
también la manera de resistir a la cámara televisiva.
No obstante estaba obligado a vivir en una realidad hostil,
rechazó entonces el camino del aislamiento y del silencio
para elegir aquél del compromiso y de la desmitificación,
y para que su voz alcanzara un mayor público escogió
la vía periodística ya que la poética
o la narrativa era insuficiente para aquella juventud que
ya casi no leía. Publica entonces convencidos y convincentes
artículos editados posteriormente como Las Bellas Banderas,
Cartas Luteranas, Los Escritos Corsarios y otros que aparecieron
en el Corriere della Sera.
La aparente contradicción de publicar en disímiles
órganos periodísticos adquiere coherencia porque
aquella Italia con diferentes condiciones histórico-
culturales , obligaba a que el intelectual empleara una nueva
estrategia, asumiera un distinto rol para no permanecer como
una voz no escuchada. Ataca así desde lo interno a
la sociedad utilizando sus mismas armas. Pasolini acepta el
desafío del poder, de ese mismo poder que lo había
marginado, procesado- sufrió 35 juicios -, recurriendo
a aquellos mismos medios con los que la sociedad de consumo
había fundado su consentimiento: la prensa, la televisión
y el cine.
Las polémicas, las acusaciones, las discusiones entorno
a él ya habían surgido cuando amonestara "Contra
los cabellos largos" a los jóvenes por un estilo
que para él no significaban libertad alguna sino simplemente
moda, como la de los jeans, como la del amor libre, como la
de la peligrosa comodidad. Era la pérdida de identidad
que denunciaba a un pueblo que había ensordecido por
el benessere, que empeñaba su futuro por las cuotas
de una heladera o del aire acondicionado. Mostraba la fuerza
de su corrosiva provocación señalando con dedo
inquisitorio al mundo juvenil, y también a la ambigua
y retrograda ideología. Pasolini se daba cuenta de
que el Poder lejos de escandalizarse había terminado
por absorber a estos jóvenes. y aparece allí
con nitidez su reflexión acerca de la homologación
cultural y social debida a la fuerza del poder
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