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Cenizas de Gramsci
De Pier Paolo Pasolini - Prólogo y traducción Elena Tardonato Faliere

Prólogo

La lectura de las circunstancias del Horror durante este siglo XX y de su testimonio en la literatura, en circunstancias en que el arte abandona la imitación para convertirse en proyección de lo percibido y lo deseado, se hace cargo del enigma del Mal ofreciendo una figura rebelde de la subjetividad en la que se entreteje de manera compleja y densa, los temas de lo maligno como fuerza del destino, y el cuestionamiento del orden establecido en nombre de un principio de anarquía.
Sade nos dice que en la médula de todo deseo hay una parte atroz que es la del goce inhumano, así como en la médula del vínculo social hay una virtualidad criminal hablando así de toda nuestra época : violaciones, torturas, crímenes, desesperación, y el sujeto que no apela nada más que a la inminencia de lo horrible.Su obra es helada y aleja las tentaciones a través del horror, que salva por medio de la dialéctica ensanchada a nivel de las contradicciones. La dialéctica de Sade es simple, es la de la virtud y el vicio, cuando la virtud es derrotada y aparece el mal , es lo nos queda de Dios. Si bien Sade pertenece al materialismo, él lo convierte en desgarrado, y presa de sus demonios.

Desde lo polémico desterritorializa la moral para territorializar la pornografía en forma de degradación perversa, Perturba a la razón, y la razón lo encarcela. Desenmascara así al hombre del siglo XVIII y erige un catálogo de perversiones humanas. y entonces el castillo de las 120 jornadas en Saló muestra las dependencias que Pasolini concibió en el nazismo y fascismo. Razona contra la razón como la actitud asumida más tarde por Apollinaire, por la Literatura salvaje de los años 70 de Italia.

De manera semejante los monstruos de Goya se divierten burlonamente pues no es lo fantástico exterior sino lo fantástico proyectado desde el interior que nos liga al prójimo. Los seres prefieren transformarse en objetos para no ser violados, sino tomados como objetos. La naturaleza readquiere su cetro, una naturaleza no roussoniana sino aquella que mata para vivir. La única regla de conducta es la elección que concede goce sin considerar lo que piense el otro: el más grande dolor de los otros cuenta menos que el placer personal. Por estas circunstancias es que en esta consideración participa el Poder porque como categoría social puede hacer uso de los más débiles. Fundar la soberanía sobre un poder que trasciende la negación, una nueva escala de valores en cuya cúspide está el crimen.

Señala Bataille que: "El mal en la medida que traduce la atracción hacia la muerte, ante la que es un desafío como lo es en todas las formas de erotismo, no es por otra parte jamás objetivo más que de una condena ambigua" Se puede decir que la sociedad no está compuesta por individuos sino por objetos, y sistemas de fuerzas. Contra los impulsos debilitadores, y apoyando la destrucción extrae la verdadera energía. Entendemos por qué el lector ideal de Sade fuera Charles Baudelaire, y también Niestzche, Apollinaire, Breton. Actualmente la razón moderna vuelve a lo reprimido que es en el fondo un retorno a lo trágico, y ese retorno será significado por la literatura. Sade, Dostoiewsky ponen en escena el enigma resistente del Mal tal como se propone en un mundo en que la concepción cristiana ha desertado en gran medida, y que ve la reiteración de un sujeto culpable sin un dios a cuyos pies pueda declarar su culpabilidad, paradoja que habrá de recoger Freud con su pulsión de muerte.

El Horror está contra la falsa y burguesa situación de Bondad en un mundo sensible y agradable, contra la falsa indignación de los crímenes cometidos que lleva a una literatura mortal, sin futuro mientras que el Horror busca la verdadera inmortalidad. El Horror es una violencia sorda, estática, es un secreto de quien ha decidido cumplirlo, y al hacerlo rompe con su propio pacto, que lo conecta nuevamente con la vida. El Horror abre una puerta a un mundo oscuro hecho de misterio y de magia, de reflexión para exorcizar los miedos más recónditos que el mundo contemporáneo está en grado de suscitar en nuestro subconsciente .La cultura del horror es reconocida ya como territorio legítimo de indagación y debate.

Nuestra civilización ha llegado a un punto en el que la destrucción y la muerte se han vuelto fascinantes. El horror inspira miedo, impotencia, y la neutralidad a la que queda expuesto el ser incapaz de sostener sus sueños, de tender puentes de la nada hacia el tiempo, y del tiempo hacia la eternidad, especialmente aquel Horror que nace de la ausencia de amor, de la necesidad de rechazar y de odiar el amor. La idea de Dios se convierte en su ausencia, el concepto de libertad se identifica con el de transgresión, y el erotismo se pone en evidencia ante la imposibilidad de comunicación, y es entonces cuando los móviles del hombre busca el erotismo del dolor, la muerte, y la idea de trascendencia. Se provoca así la angustia y la repugnancia en un misticismo de horror, es la revelación, el éxtasis y el vértigo del vacío. Nos han quitado el sentido de la Historia y hemos pasado a una faz mítica. El principio del Mal responde entonces a un desequilibrio y a un vértigo, a un principio de complejidad y extrañeza, a un principio de seducción y antagonismo. .No es un principio de muerte sino de desunión. El Mal se ha introducido en el arte ,y quiere mostrarse a través de éste.

Ha resurgido un revival del nazismo, del exterminio y nos han quitado las nociones fundamentales de la responsabilidad, nos han impuesto la apatía de la indiferente obediencia. La totalidad del sistema se mueve por inercia, y la liberación afecta tanto al bien como al mal porque libera las costumbres y los espíritus, pero libera también los crímenes y las catástrofes. La liberación del derecho y del placer provoca ineluctablemente el crimen. La literatura es escritura y sublimación del horror y la angustia, y si es cierto que hay algo podrido en el corazón de Dinamarca como en el corazón de Hamlet que guarda duelo por un padre asesinado y por un Dios mudo, el problema está en saber qué respuestas son posibles una vez que hayamos recusado el discurso de la catástrofe, y el discurso del relativismo de valores detectando la necesidad de volcar en el discurso estético el pathos que distingue en el sucedáneo del mundo ,y al hacerlo señala que las fantasías están en otra parte y que el hombre es el actante de los horrores .El artificio del arte tiene que ver con su contacto con la realidad: en la desilusión esclarecedora.

Observamos en la evocación de los dos opuestos dioses del Olimpo concebidos por los griegos, Apolo y Dionisios, cómo en Dionisios la embriaguez elimina las trabas de los límites ordinarios en el desborde porque es el hastío de la realidad, y el deseo precipita hacia la muerte. La realidad o la verdad aparecen como horribles mientras que las imágenes ayudan a soportar las vida porque son sublimes y sojuzgan lo horrible. De Prometeo a Edipo aparece la gesta de la disputa y debate alrededor de una guerra del Ser y en el Ser, ya anunciada en el sujeto bíblico Caín .Durante siglos nuestro pensamiento estuvo regido por esta teología cristiana que apunta a la condena eterna en diálogo con la filosofía griega.

El pensamiento griego se constituyó como un polo trágico, de manera dramática y dialógica del horror y del exceso, y por el otro el polo ético que tiene su fundamento en el espacio político de las reglas y los límites entre lo humano y lo inhumano .Apolo y Dionisios son las dos divinidades del arte que despiertan según Nietzsche , la idea de antagonismo, dos instintos que marchan parejos en una guerra declarada; el uno titánico, el otro bárbaro, desmesurado pero ambos dominando el alma humana y organizando la tragedia. La tragedia por ello no es el reconocimiento o el descubrimiento del mal sino el lugar de la queja, de la querella por el debate librado entre los humanos frente a una potencia más antigua, a una concepción del Ser que obliga al hombre a reconocerse vasallo de una maldad inmemorial. El pensamiento griego se libra en el seno del Ser en un diálogo con los dioses del Olimpo, concebidos como sus semejantes en el desenfreno, el dolor ,y los delirios, mientras que la estatuaria es la celebración de lo divino por parte de los mortales.* En la tragedia helena el hombre desaparece ante la irrupción del mal legando un campo que sirve como exorcismo para el sobreviviente. Imprecaban a los dioses de la Mitología sus impotencias, sus delirios. La tragedia griega elabora y muestra conflictos que están en el hombre y que la cultura aristotélica posteriormente cubrió, acalló ,y que en nuestra civilización en momentos de crisis, reaparecen, estallan, emergen. "Estas cosas no ocurrieron jamás, pero están siempre", dijo Salustio acerca de la mitología griega que relata de alguna manera la infancia de la humanidad con normas y formas elementales de la vida.

El mito es así fundación de vida, es esquema atemporal reproduciendo las líneas de la inconciencia en narración concatenada con la inmediatez de imágenes del sueño. De materia humana muerta se transforma en materia viva: bestias , hombres, objetos que se construyen y que generan monstruos ,seres alados, toros rubios que vuelan, islas mágicas, raptos. Preguntas sobre el destino con sacrificios y honores a los dioses exhuberantes y triunfantes, y así el bien y el mal son divinizados. Locuras de amor y desesperación. En la época más feliz de los griegos surge el mito trágico para ensayar sus fuerzas contra el enemigo ,pues hay en el mito la necesidad de mostrar lo horrible, la representación del horror, de la crueldad, del misterio, del vacío que yace en el fondo de las cosas .Metamorfosis que muestra el carácter fatal de la realidad en lo irreversible, en la mezcla de miel y sangre ,de adversarios y amigos, de princesas terrestres y reinas divinas, de naves que llegan y parten en red de engaños que llevan a muertes, a diferencia de los personajes de la novela vinculados cada vez a un solo gesto. Pero en exaltación de un mundo anterior al pecado, las figuras del mito viven muchas vidas y muchas cada una de estas vidas y de estas muertes están presentes las otras, que resuenan .El mito tiñe a la cultura de fuerza natural y creativa, quizás es sólo una narración que se puede entender contándola, una red que se deposita sobre el mundo. Dos tipos de relaciones existen entre los dioses y los hombres a través de la convivencia y el estupro ; la tercera es la indiferencia mientras que el placer lo brinda el amor entre los jóvenes.

El dios es resplandeciente y grandioso en la justificación estética de la vida que es irrepetible e irreparable, pues los dioses eran todo aquello que alejaba la sensación media de vivir, y las relaciones entre dioses asumen la misma pasión que entre hija y padre, entre siervo y patrón, entre amado y amante, entre esposo y esposa.; no es la vida como continuidad vegetativa. Esposos y nupcias, y trabando todo sibilas, ninfas, ericnias ,sirenas en potencia de abstracción contra el enciclopedismo épico. Lo trágico son también los malos entendidos que provocan tensión entre asesinato y sacrificio como oscilación entre el suicidio y la ceremonia nupcial, la visión plena del éxtasis del mártir torturado, como concluyera Nietzsche.